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Genentech
De paso — dos hombres, una cerveza y una bacteria: donde “The Industrial City” se volvió “la cuna de la biotecnología”.
Datos clave
- Fundada el 7 de abril de 1976 por Robert Swanson y Herbert Boyer
- 1978: primera insulina humana sintética hecha con ADN recombinante
- 1982: esa insulina (Humulin) se vuelve el primer medicamento de ingeniería genética aprobado por la FDA
- South San Francisco hoy se presenta como “la cuna de la biotecnología”
Transcripción de la narración
Fíjate en el nombre de la calle mientras pasamos: DNA Way, la “calle del ADN”. No es broma — es la dirección de la empresa que inventó una industria entera, y vas cruzando justo por su campus, a tu derecha.
La historia empieza en mil novecientos setenta y seis, en un bar, con dos hombres y una cerveza. Uno era Herbert Boyer, un científico de UC San Francisco que había ayudado a descifrar cómo cortar un gen de un ser vivo y empalmarlo en otro. El otro era Robert Swanson, un joven inversionista de riesgo convencido de que ese truco se podía convertir en medicina. Su primera reunión iba a durar diez minutos; duró tres horas, y para el final ya habían fundado Genentech.
Dos años después, en mil novecientos setenta y ocho, los científicos de Genentech hicieron algo que nunca se había hecho: lograron que unas bacterias fabricaran insulina humana sintética. Por primera vez, un medicamento de proteína humana podía producirse como quien hace cerveza, en vez de extraerse — y para mil novecientos ochenta y dos esa insulina estaba aprobada y a la venta, el primer medicamento de ingeniería genética de la historia. Una industria entera, la biotecnología, nació en este pedazo plano de orilla de bahía.
Y aquí está por qué le toca estar en este recorrido. Mira dónde estás: la misma tierra barata y plana junto a la bahía que atrajo a los empacadores de carne cien años antes es lo que atrajo también a Genentech — espacio para construir, junto a una gran ciudad, cruzando apenas la línea. La Ciudad Industrial no murió cuando cerraron los mataderos; se reinventó, y nunca bajó ese viejo letrero del cerro. “The Industrial City” y “la cuna de la biotecnología” son el mismo pueblo, presumiendo dos veces. Falta una sola parada — bajando hasta la orilla del agua.