Ebisu-bashi & the Glico Running Man

Un corredor luminoso, con los brazos en alto en señal de victoria, desde los años treinta: haz la pose; todo el mundo la hace.

Ebisu-bashi & the Glico Running Man
Crédito de la foto: okadatsuneo / Mapillary (CC BY-SA 4.0). Todos los créditos de imágenes.

Datos clave

Transcripción de la narración

Aquí está: el centro de todo. El Ebisu-bashi, el puente que todos tienen en mente cuando dicen «Dōtonbori», y encima de él, el letrero que todos tienen en mente cuando dicen «Osaka»: el Hombre Glico.

Mira hacia arriba y a un lado, y ahí está: un corredor, a media zancada, con los brazos lanzados hacia el cielo como si acabara de ganar. Lleva cruzando esa línea de meta, de una forma u otra, desde los años treinta. La versión que brilla esta noche es la sexta, pasada a ciento cuarenta mil ledes allá por 2014, pero la pose no ha cambiado en noventa años. Y aquí hay una regla, no escrita pero absoluta: te paras en este puente, lanzas tus propios brazos al aire y alguien saca la foto. Anímate. Todo el mundo lo hace.

El puente que pisas se reconstruyó en 2007, pero la gente lleva siglos quedando en un Ebisu-bashi: debe su nombre al cercano santuario de Ebisu, y ha sido un punto de ligue tan célebre que los locales lo apodaron «el anzuelo». Si todo esto te resulta raramente cinematográfico, con razón: este tramo ha salido en pantalla desde Black Rain, de Ridley Scott, hasta John Wick. Estás parado en la foto de portada de Osaka. Saca tu toma y sigamos hacia el este.

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