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Luxor

Una pirámide de treinta pisos, elevadores que suben en diagonal, y la luz más brillante de la Tierra.

Luxor
Crédito de la foto: Wikimedia Commons. Todos los créditos de imágenes.

Datos clave

Transcripción de la narración

Ahí está, a tu izquierda: una pirámide de treinta pisos de vidrio negro, una auténtica esfinge egipcia agazapada al frente y, al caer la noche, una columna de luz blanca disparándose directo hacia arriba desde la mera punta. Ese es el Luxor, abierto en mil novecientos noventa y tres, en aquella época en que cada resort nuevo tenía que ser algo — una pirámide, un castillo, una ciudad.

La forma de pirámide crea un problema encantador. No puedes hacer subir un elevador normal por una pared inclinada, así que los elevadores del Luxor — les dicen «inclinadores» — de verdad viajan en diagonal, a unos treinta y nueve grados, subiendo por dentro de la pendiente como un funicular.

Y ese haz de la punta no es solo para lucirse. Es uno de los haces de luz más potentes del planeta, lanzado por un banco de lámparas de xenón, y los pilotos lo alcanzan a ver desde muy lejos, sobre el desierto. Aquí va mi dato favorito: la luz atrae nubes de insectos, y los insectos atraen tanto murciélagos como búhos — así que el Luxor, sin querer, construyó un diminuto ecosistema brillante en el cielo, cazando dentro de un haz de luz sobre el Strip.

Sigue rodando hacia el norte. Justo adelante, a tu izquierda, el tema cambia por completo: primero las torres y los banderines de un castillo medieval y, justo detrás, un pequeño y compacto perfil de Manhattan apretado en una sola cuadra.