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Handy Market
Un supermercado familiar de mil novecientos sesenta y nueve, cuya barbacoa de fin de semana en el estacionamiento es todo un ritual de Burbank.
Datos clave
- Abierto en 1969 por Harry Arzoian
- Tienda y carnicería familiar de varias generaciones
- El nombre viene de los vecinos, que decían lo “handy” (práctico) que era
- Su barbacoa de fin de semana en el estacionamiento lleva unas tres décadas
- Suma a la tienda una cuidada selección de vino y cerveza artesanal
Transcripción de la narración
Mira a tu derecha para ver Handy Market — y si es una mañana de fin de semana, lo vas a oler antes de leer el letrero. Afuera, un equipo prende una hilera de parrillas grandes en el estacionamiento, y el aroma a tri-tip, pollo y salchichas se va hasta media cuadra. Esa barbacoa se ha vuelto un verdadero ritual de Burbank, que hace fila de vecinos cada fin de semana desde hace ya unas tres décadas.
Pero la tienda detrás del humo es la verdadera historia: un supermercado independiente, de gestión familiar, que ha sobrevivido a todas las cadenas que lo rodean. Harry Arzoian abrió Handy Market en este lugar en mil novecientos sesenta y nueve, y el nombre salió directo de los vecinos, que no paraban de comentar lo “handy”, lo práctico, que era tener una tienda tan buena justo al lado. Su hijo Alan tomó las riendas, y hoy una tercera generación trabaja los pasillos — la misma familia, la misma esquina, por más de medio siglo.
Adentro, es de esa clase de tienda que ya casi no existe: un mercado de barrio de toda la vida, con carnicería completa y una selección de vino y cerveza artesanal de verdad seria, metida junto a los productos de diario. Es la calle principal estadounidense de antes de las cadenas, funcionando todavía tal como se pensó — un lugar donde el carnicero quizá sepa tu nombre.
Piensa en lo que cuesta sobrevivir aquí. A una cuadra de boutiques de vintage y tiendas de utilería que viven del glamour de Hollywood, Handy Market simplemente le da de comer a la gente, bien y de forma confiable, generación tras generación. Esa es su propia forma de resistir, y por eso los del barrio le son tan fieles. Las parrillas del fin de semana no son un truco de marketing; son un punto de reunión del barrio que, de paso, huele increíble. Cuando estés listo, seguimos hacia un pequeño monumento al borde del camino de la época dorada del automóvil estadounidense.