← Recorrido por el Strip de Las Vegas
Treasure Island + Wynn (Desert Inn site)
Donde Howard Hughes compró el hotel en vez de dejarlo — y donde Las Vegas alguna vez vendió boletos para ver la bomba.
Datos clave
- El Desert Inn abrió en 1950, con Wilbur Clark como cara pública y financiado con dinero de la mafia ligado a Moe Dalitz; Howard Hughes se registró cerca del Día de Acción de Gracias de 1966, se negó a irse, compró el hotel en vez de desocupar su suite, y manejó su imperio de negocios desde el último piso durante unos cuatro años.
- La leyenda cuenta que Hughes compró el casino vecino Silver Slipper para detener su gigante letrero de zapatilla giratoria, que él creía que escondía una cámara apuntada a su penthouse — una historia que suele contarse como leyenda más que como hecho confirmado.
- En los años cincuenta, Las Vegas promovía el «turismo atómico»: el Sky Room del Desert Inn organizaba fiestas al amanecer para ver las pruebas nucleares al aire libre en el Nevada Test Site, a unos 100 kilómetros; cerca de 100 detonaciones al aire libre se veían desde la zona entre 1951 y 1962, y una corista del Sands fue coronada «Miss Atomic Bomb» en 1957.
- La lluvia radiactiva de esas pruebas al aire libre se esparció por Nevada, Utah y Arizona, y las personas expuestas a favor del viento — los «downwinders» — sufrieron después índices elevados de cáncer que el gobierno de Estados Unidos reconoció y compensó bajo la Radiation Exposure Compensation Act.
- El Treasure Island abrió en 1993 con una batalla pirata en vivo al frente; Steve Wynn abrió Wynn Las Vegas en el sitio del Desert Inn en 2005.
Transcripción de la narración
A tu derecha, pasando la laguna pirata del Treasure Island, la curva de bronce del Wynn se alza sobre el sitio del viejo Desert Inn — donde se vivió el capítulo más extraño de Las Vegas. Abrió en mil novecientos cincuenta con dinero de la mafia detrás de una cara amable llamada Wilbur Clark. Luego, cerca del Día de Acción de Gracias de mil novecientos sesenta y seis, el multimillonario Howard Hughes se registró y, sencillamente... nunca se fue. Cuando el hotel le pidió de vuelta la suite, su respuesta fue comprar el hotel entero, y manejó su imperio desde ese noveno piso durante cuatro años, tras ventanas tapadas. La leyenda dice que también compró el casino de enfrente solo para matar su letrero de zapatilla giratoria, convencido de que escondía una cámara apuntada a su penthouse — y esa te la cuento como leyenda, porque es exactamente lo que es.
El Desert Inn guarda también un recuerdo más pesado. En los años cincuenta, esta ciudad vendía turismo atómico. Arriba, en su Sky Room, los huéspedes hacían fiestas al amanecer para ver los hongos nucleares levantarse desde el sitio de pruebas, cien kilómetros al norte; cerca de cien estallidos al aire libre se veían desde aquí entre mil novecientos cincuenta y uno y mil novecientos sesenta y dos, y hasta coronaron a una corista como Miss Atomic Bomb en mil novecientos cincuenta y siete. La lluvia radiactiva se esparció por Nevada, Utah y Arizona, y las personas que vivían a favor del viento sufrieron después índices elevados de cáncer que el gobierno de Estados Unidos con el tiempo reconoció y compensó.
Ese mundo ya no está. El Desert Inn fue despejado y, en dos mil cinco, Steve Wynn abrió su propio resort en el terreno — el último en pie de aquella época. Frente al Treasure Island, los piratas siguen dando su función.
Sigue hacia el norte. A tu izquierda, busca un terreno vacío junto al centro comercial Fashion Show — suelo pelado de Las Vegas con una historia ruidosa, incluida la noche en que Elvis fracasó.